
Mi pueblo sigue luchando, no como acostumbran los nuevos tiranos de turnos -amenazando y pisoteando a su pueblo para lograr lo que quieren como su gobierno fraudulento-, sino con la dignidad del trabajo honrado. Tarde que temprano se derrumban los gobiernos corruptos, sus mismas actitudes miserables les lleva a la ruina; por más que se crean intocables, en su sangre corre la fragilidad humana y terminan siendo víctimas de sus propias ambiciones. Mi gente no quiere ver de nuevo correr sangre, la historia nos ha enseñado que por ahí no se llega más, que a la paz de los cementerios. Pero en nuestra pobre Centroamérica, no se han erradicado los "caínes", los que traicionan a su pueblo y lo manejan a su arbitrio, y la hipocresía política los sigue amparando. ¿Hasta cuándo seremos peones de los intereses de gobiernos totalitarios y de la hipocresía de la política internacional? Es deprimente y depravada la actitud de la diplomacia política, como si fuéramos ignorantes de lo que pasa en nuestro continente, las confrontaciones entre gobiernos por la visión miope de sus dirigentes, entre éstos y los organismos internacionales, como la OEA y la ONU, con sus discursos ambiguos que a nadie convencen. Hermoso cuadro el que pintaron en Managua, todos disfrazados de corderos, pobres víctimas de la maldad del pueblo ingrato que no reconocen la "bondad de sus corazones" y el "sacrificio" que hacen para gobernarlos y "sacarlos del subdesarrollo". Como se dice: "Ni ellos se lo creen". Quiera Dios que mi gente, no se canse de seguir luchando por vías pacíficas para lograr su sueño; de algo estamos seguros no creemos en los "falsos Mesías", aunque aparezcan con una Biblia y apadrinados por jerarcas religiosos. Mi gente es sencilla, pero no tonta; acostumbrada a trabajar para ganar su propio pan, no a vivir de "choña"(vivir del sudor ajeno) como se han mal acostumbrado los buenos para nada, que también los hay, aunque vistan "trajes de dignatarios". Nicaragua no es como la pintan, ni es como la hacen aparecer. Es la vivandera del mercado que madruga cada día para llevar el pan a sus hijos; es el que vende raspado en los parques para endulzar y refrescar la vida de los que marchan por la vida; es la marchanta con su canasto cargado de frutas y verduras frescas que baja a los poblados a ofrecer el producto de la tierra; es un rancho montaña adentro, donde se eleva el humo del fogón con las notas de una guitarra como plegaria al atardecer; es un son de marimba en los solares de Monimbó, que nos recuerdan que la vida es melodía y buena danza; es el lustrador de zapatos, que nos enseña a ir con pasos limpios por la vida; es el campesino que cultiva la tierra, que nos recuerda sembrar por la vida buena semilla; es el carretero que nos recuerda que la vida es marcha, que solo estamos de paso y que debemos de hacer menos pesada la vida a los demás, marchar con lo mínimo ya que los "de más" estorba; y es mucho más. No estoy diciendo que Nicaragua no debe aspirar a más, lo que quiero decir es que, en estas personas y situaciones hay buenas lecciones de vida. En todo corazón nicaragüense hay grandes sueños y grandes ideales, pero no nos dejamos llevar por apariencia. Ya el gran Pablo Antonio Cuadra dijo: "Somos un pueblo en marcha", solo vamos de camino, por eso nos gusta estar "fuera de la casa", disfrutar lo bueno que la vida nos da, sin apegarnos mucho, soñamos con algo más grande. Es algo que tal vez nuestros vecinos y otros no entiendan, "solo sabemos que nosotros, sí lo sabemos". Nuestro gran poeta Rubén Darío dijo:"Si la Patria es pequeña, uno grande la sueña"· Nicaragua es grande porque vive en nuestros corazones, no se trata de un nacionalismo barato, sino de una noble identidad, que quiere rendir su aporte a la humanidad, sin ser menos ni más. ¡Qué Dios bendiga a mi gente!





